Lo sé, lo sé. Dije que iba a escribir casi todos los días y no he cumplido mi palabra. Es que he tenido unos días de locos con la mudanza. El jueves por la tarde vine en un taxi desde Skärholmen (donde estaba mi hotel) cargando con mis dos mega-maletas hasta mi nuevo hogar. Por fin, después de dos semanas, pude deshacer mi equipaje y estirar mi ropa, que se había quedado hecha un higo. Después de desempaquetar fui a hacer la compra y, como suele pasar, se me olvidaron la mitad de las cosas. Así que he tenido que volver casi todos los días con lo que me iba acordando.
Ahora vivo en el barrio de Slussen (de ahí el título de la entrada), que viene a ser como en Madrid la calle Fuencarral. Vamos, más céntrico y animado imposible. Mi calle es una perpendicular a Götgattan, que está llena de bares, tiendas y gente paseando. ¡Esto ya se parece un poquito más a España!.
Bajando por Götgattan vamos a dar a Medborgarplatsen, una plaza enorme que en verano se llena de terracitas y gente tomando el fresco. En esta plaza hay un montón de barecitos, pero también un centro comercial que dentro tiene una especie de mercado de abastos con puestos donde te venden desde carne de reno hasta langostas frescas. En otra de las caras de la plaza hay un teatro/gimnasio/piscina cubierta/tojunto donde iré a remojarme cuando aprenda a no resfriarme tanto (de momento me llevo mal con los virus suecos, o igual los trato tan bien que no se quieren ir de mí...).
Si sigo bajando por Götgattan pasando la plaza, en la calle que sale a la izquierda tengo dos supermercados: un Lidl y un ICA, que aquí está por todas partes. Debe ser como el Mercadona sueco. También en la calle principal hay cines, teatros, hoteles... así que cuando vengáis a verme, ¡ya veréis qué bien!. Además, tengo la parada de metro casi al ladito de casa, si me tiro rodando por la cuesta acabo en el tren. Pero casi mejor si no lo compruebo empíricamente...
El piso por dentro es pequeñito pero está muy bien. En el recibidor, como en todas las casas suecas, hay una pequeña alfombrilla para descalzarse, y todos los zapatos en un ladito para cuando se entra o sale de casa. Cuando entras en una casa sueca SIEMPRE hay que descalzarse, para no manchar y no estropear el suelo. Creo que es de bastante mala educación no hacerlo. Y luego, como es parqué o suelo plástico en todas las casas, puedes ir descalzo y no hace frío. Aquí lo del gres y el terrazo como que no existe.
En el recibidor está la puerta del baño, que también tiene su intríngulis: aquí las duchas son casi todas con un sumidero en el suelo y el propio suelo plástico es donde te bañas. Así que no hay en ningún sitio platos de ducha, y cuando acabas tienen un chisme como esos de limpiar los cristales con una goma negra para retirar el jabón, pues aquí sirve para retirar el agua del suelo. Así que cuando friegas el suelo del baño friegas también la bañera. Se hace raro al principio, la verdad. Lo cierto es que no se inunda, porque está algo inclinado y el agua acaba yendo al sitio correcto. Ahora entiendo cuando en los anuncios de pisos en alquiler ponían como una de las "comodidades" del piso que tuviera bañera. ¡Es porque casi ninguno tiene!
Luego está la cocina, que es pequeñita y en plan pasillo, después la habitación, que tiene una terraza para salir en verano, y luego el salón, con un sofá gigante (aquí la gente es muy grande) donde quepo yo estirada y me sobra espacio, una mesa de centro súper-Ikea y un escritorio largo. No hay mesa de comedor. La verdad es que tampoco echo una en falta, porque suelo ponerme en el sofá y ver mientras tanto las noticias online (es que no tengo tele, por lo que os contaba en esta otra entrada).
El salón tiene una chimenea pequeñita, pero está atascada y no puedo encenderla si no quiero asfixiarme. Puedo ponerle unas velitas.
Es un piso viejo, igual tiene 200 años, pero aquí los remodelan constantemente, así que las tuberías y todo funciona muy bien. Al entrar parece que está el portal ya, pero en realidad es un pasillo que da a un patio abierto donde en verano hay una mesa para hacer pic-nic con los vecinos, el aparcamiento de bicis y la casita de la lavandería. Es como una de estas prefabricadas de madera, y dentro tiene las lavadoras, secadoras y demás. Hoy ha sido el primer día que he hecho la colada, y lo de la secadora es una maravilla. No hace falta planchar nada, porque sale esponjoso para doblarlo (bueno, menos algunos vaqueros que siempre se quedan como si fueran de cartón). He tenido que poner tres lavadoras, porque entre la ropa sucia (blanca y de color), y las sábanas y toallas nuevas, tenía un vagón de ropa para lavar.
Y esto es todo por ahora, que ya llevo una parrafada larga, así que otro rato más. Voy a buscar lo que me queda en la secadora y a hacer la cama con mi nueva funda nórdica multicolor del Ikea. ¡Es taaaan monaaaaaaa!
Por fin instalada...
ResponderEliminarTiene todo muy buena pinta!!
Siiiiiiii estoy súper contenta!
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