Eso es lo que por fin puedo hacer rápidamente (entre otras cosas), porque ¡¡ POR FIN TENGO MICROONDAS !!.
Como os conté en otra entrada anterior, mis caseros no tienen televisión. Lo que no os había contado es que tampoco tienen microondas. La televisión no la echo de menos, porque puedo ver casi todos los canales online y los autóctonos como son en sueco y no entiendo nada, pues lo mismo me da que me da lo mismo.
Pero el microondas ¡lo echaba taaaaanto de menos!. No sabes cuan útil es algo hasta que te falta. Tener que manchar una sartén para hacerte un par de salchichas frankfurt, pringar una cacerola sólo para calentar la sopa que te sobró del mediodía, esperar toda la noche a que un filete que parece un helado de ternera se vuelva comestible... es un auténtico engorro. Además, me pasaba el día fregando los platos, porque para cualquier cosa tenía que manchar un montón. Y con los fríos escandinavos fregar tanto plato no es nada bueno para la piel.
Otra ventaja: es muy cómodo preparar más cantidad de la comida que sea y congelarla en "tupperwares" de una ración para luego descongelarlos cuando quieras. Por ejemplo para llevármelos al curro. Ahora también puedo hacer eso en casa sin tener que esperar una eternidad a que un bloque de lentejas polares vuelva a su ser.
¿Y cómo ha sido el proceso? He ido hasta el centro en el tren que me trae del trabajo (cargando con el portátil, para más detalles), hasta una cadena de electrodomésticos que se llama Giganten. No sé si en España existe, yo no la conocía. Por el camino ya he visto que había un trecho de por lo menos 200m o más hasta la boca del metro. ¿Y a qué viene todo esto? A que en teoría un microondas se compra fácilmente: tú vas a la tienda, escoges, pagas y te lo llevas. Pero cuando eres pequeñita y el microondas abulta más que tú y pesa como una pierna tuya, no te creas que es tan fácil. Así que cuando he llegado al sitio en cuestión y he visto lo armatoste que era el horno en cuestión, he decidido que, o me buscaba una tienda más cercana a la boca del metro, o me compraba un carrito con ruedas.
He entrado en todas las tiendas cercanas que también vendían televisores, batidoras y demás, pero ninguna era o tan barata o con tanta variedad. Así que opción 1 eliminada. He decidido invocar a Manolo Escobar y buscar "dóndeeee estaaaaará mii carroooooo dóndeee estaráááááá mi caarrooooooo". Creo que la llamada de socorro a lo folclórica ha dado resultado, porque he encontrado al principio de la calle, una franquicia donde sé que los venden (es que hay una igual en mi barrio). A todo esto, eran las 6:40 y la tienda del microondas cerraba a las 7. He salido corriendo a toda prisa con mi nuevo carro, (que es del tipo de los de poner encima 5 ó 6 banastas de naranjas, así que si no lo arrastras pesa lo suyo) y he conseguido llegar a tiempo a la otra tienda. Pero, hete aquí que voy y cargo el microondas (que como era una oferta había un montón puestos en una pila) en mi carro, voy a la caja y resulta que el carrito es de lo más bajo, y tengo que ir como el jorobado de Notre Damm para poder arrastrarlo. Bueno, ¡no hay dolor!, he pensado. Después de preguntar dónde se paga y que el dependiente en cuestión me dijese que en el piso de abajo me he quedado blanca, porque carga tú con el mostrenco y el carrito enano por las escaleras mecánicas sin escoñarte ni arrollar a nadie. Al final, a pesar de ser un poco cenutrio al principio, me lo ha bajado él. Ya abajo yo seguía pensando en tirar de la goma elástica tipo "pulpo" que lleva para poder arrastrarlo y rezar para que no se fuese todo a tomar viento. Menos mal que en la cola para pagar, se me ha encendido la bombilla y he visto que se podía tirar para arriba del asa y se hacía el doble de largo. ¡¡¡ Por Dios qué petarda soy a veces !!. Al menos me he dado cuenta a tiempo, antes de deslomarme tirando del carrito como si me hubiera dado un paralís. Así que, ya en forma de maleta con ruedas, he podido ir hasta la boca del metro sin novedad. He ido hasta una de las grandes, donde sé seguro que hay ascensor, para no hacer más experimentos transportistas.
He entrado en todas las tiendas cercanas que también vendían televisores, batidoras y demás, pero ninguna era o tan barata o con tanta variedad. Así que opción 1 eliminada. He decidido invocar a Manolo Escobar y buscar "dóndeeee estaaaaará mii carroooooo dóndeee estaráááááá mi caarrooooooo". Creo que la llamada de socorro a lo folclórica ha dado resultado, porque he encontrado al principio de la calle, una franquicia donde sé que los venden (es que hay una igual en mi barrio). A todo esto, eran las 6:40 y la tienda del microondas cerraba a las 7. He salido corriendo a toda prisa con mi nuevo carro, (que es del tipo de los de poner encima 5 ó 6 banastas de naranjas, así que si no lo arrastras pesa lo suyo) y he conseguido llegar a tiempo a la otra tienda. Pero, hete aquí que voy y cargo el microondas (que como era una oferta había un montón puestos en una pila) en mi carro, voy a la caja y resulta que el carrito es de lo más bajo, y tengo que ir como el jorobado de Notre Damm para poder arrastrarlo. Bueno, ¡no hay dolor!, he pensado. Después de preguntar dónde se paga y que el dependiente en cuestión me dijese que en el piso de abajo me he quedado blanca, porque carga tú con el mostrenco y el carrito enano por las escaleras mecánicas sin escoñarte ni arrollar a nadie. Al final, a pesar de ser un poco cenutrio al principio, me lo ha bajado él. Ya abajo yo seguía pensando en tirar de la goma elástica tipo "pulpo" que lleva para poder arrastrarlo y rezar para que no se fuese todo a tomar viento. Menos mal que en la cola para pagar, se me ha encendido la bombilla y he visto que se podía tirar para arriba del asa y se hacía el doble de largo. ¡¡¡ Por Dios qué petarda soy a veces !!. Al menos me he dado cuenta a tiempo, antes de deslomarme tirando del carrito como si me hubiera dado un paralís. Así que, ya en forma de maleta con ruedas, he podido ir hasta la boca del metro sin novedad. He ido hasta una de las grandes, donde sé seguro que hay ascensor, para no hacer más experimentos transportistas.
Así, he llegado finalmente a mi hogar y lo acabo de instalar. Doy fe de que funciona, voy a estrenarlo calentándome la cena, que son las 8:40, ¡es tardísimo para el horario sueco! (y ya voy teniendo gazuza, como decía mi abuelo).

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