lunes, 14 de febrero de 2011

Indiana Jones en busca del personnummer

Últimamente no estoy nada inspirada queridos. Pero esta última peripecia la tengo que contar en pro del bien común, porque igual que a mí otros muchos están y han estado pasando penurias para conseguir el bendito número de identificación sueco y poder llevar una vida normal. El numerito de marras es necesario para desde comprarte un móvil de contrato hasta hacerte una cuenta bancaria pasando por apuntarte al gimnasio. Es necesario para todo eso y mucho mas. Sin él no cuentas como verdadero residente en Suecia. 
Empecemos por el principio, para tener uno de estos números, ¿qué hace falta?
Primero y principal, demostrar que vas a vivir como mínimo un año en Suecia y tener forma de comprobarlo: un contrato de trabajo en vigor o una beca de estudios o algún tipo de papel que demuestre que vas a estar aquí no como un turista sino como un ciudadano activo. Si eres estudiante con algún papel de la universidad debería valer. Si no tienes contrato como tal, un papel de tu jefe explicando en qué trabajas y quién eres también servirá. En mi caso, un contrato de dos años era más que suficiente para poder pedirlo. 
Peeeeero, antes de poder hacer la solicitud, hay que pasar por inmigración. Como ciudadano de la UE tienes derecho a residir en cualquiera de los países miembros, pero necesitas que te hagan un papel que diga: "de acuerdo, estás aquí, eres española, te puedes quedar". Eso si te vas a quedar mas de tres meses, para menos tiempo no es necesario porque se supone que eres turista. Lo bueno de esta gestión es que ahora se puede hacer por internet: vas a la web del "migration board" y allí están los formularios para el registro "online". Parece fácil, ¿eh? Pues no creáis, que la maldita página solo funciona con internet explorer, así que después de llevar medio proceso hecho con el firefox, me tuve que bajar una versión cutre del explorer en mi mac. Aquello se colgaba cada dos por tres, no guardaba los datos... lo tuve que repetir tres o cuatro veces. Cuando por fin recibí el mail de confirmación del registro no estaba segura de si se había procesado bien. De esa gestión obtienes un número de registro (como el número de reserva cuando compras un vuelo por internet), y con él puedes ir consultando en esa página el estado de tu petición. Después, cuando tienen la resolución, te mandan una carta a casa por correo ordinario con el resultado.

Yo pensaba que para gestionar el personnummer necesitabas esa carta, pero una amiga me dijo que se podía ir haciendo en paralelo, porque han unido las bases de datos de Hacienda y de inmigración, o algo así, vamos, que ahora están en comunicación. Así que cogí la copia de mi contrato y mi pasaporte y hasta allá me fui, a la oficina de Skatteverket (Hacienda en versión sueca) en Klara Vattugränd. Es una de las oficinas más céntricas y estaba llena hasta la bandera. Ahí es donde me di cuenta de que realmente soy una inmigrante, en ese maremágnum de rostros cansados de todas las nacionalidades, colas interminables y formularios incomprensibles (los que no tenían versión inglesa).
Cuando por fin me tocó el turno, una señora sueca cuya edad rondaría la de jubilación, cogió mis papeles, me ayudó a rellenar otro par de formularios y en un plis plas habíamos terminado. Me fui muy contenta de lo rápido y fácil que había sido. La respuesta me llegaría a casa en un plazo de dos a cuatro semanas. Esto fue el día 15 de diciembre, así que calculé que al poco de volver de vacaciones tendría en mi casa la carta. 

Me fui, volví, pasaron las navidades se quitó la nieve y mi no me llegaba nada de nada. Decidí darle un poco más de tiempo. 

A todo esto, no me había llegado el cheque del mes de diciembre (como no tenía personnummer, no podía abrir una cuenta en el banco y me mandaban la nómina en forma de cheque). Pensé que habría sido un "traspapele" y en enero si tampoco me llegaba pues habría que tomar medidas. 
Pasaron los días de enero, llegó el 25, que es el día que aquí se cobra, y no había aparecido ni la carta de inmigración, ni el personnummer ni mi sueldo. Yo cantaba aquello de oh! oh! wait a minute mister postman... pero no surtió efecto. Tan supuestamente eficiente la administración sueca, pensaba yo, y ¡mira cómo me tienen!. Así que al día siguiente (que para más INRI era mi cumpleaños) le comenté a mi jefe lo del cheque, hablamos con la secretaria y todo parecía estar bien: mi dirección era la correcta, tengo el nombre en la puerta (donde está el buzón)... ¿qué estaba pasando?. Resulta que la culpa de todo este atasco administrativo... ¡¡la tenía el cartero!!. Al parecer al entrar a vivir a una casa tienes que registrarte en la oficina de correos de tu nuevo barrio. Si no, aunque tengas el nombre en la puerta, como no constas en su libro de vecinos, pasan de todo y devuelven las cartas. Bueno, según mi jefe  no es necesario y simplemente me tocó el cartero más gilipollas de Estocolmo... no lo sé, me lo llego a encontrar en caliente y le doy un derechazo soriano que se iba a enterar de si existo.

Así que la secretaria del departamento ya habló con la oficina de correos, les dijo que sí, que vivo ahí de verdad de la buena y me apuntaron en su libro gordo de Petete. Tuvieron que pedir duplicados de los cheques al banco y a los dos días me llegaron. Resulta que además debía haberme llegado la carta de inmigración, pero también la habían devuelto... grrrrrrrrrrrrrrr... 
Respecto al personnummer recibí una carta a la semana o así, en la que me decían "se le ha denegado la petición de residencia permanente". Pero ¿quién quiere ser residente permanente? ¡¡¡Eso no es lo que yo había pedido!!!. Además, ponía que me habían mandado una carta en diciembre, se la habían devuelto, otra en enero y también devuelta... en resumen, un desastre. Así que tuve que volver a bajar al skatteverket (esta vez me tocó el número 801, ojo al dato) esperar y contarle mi vida a una chica muy maja que me hizo los papeles en un momento, aunque tuvo que ser todo el proceso de nuevo otra vez. Esta chica me dijo que probablemente el problema es que no había llevado la carta de inmigración, y por eso me lo habían denegado, no por el malentendido de la residencia permanente.  Así que aunque en teoría ahora vayan en paralelo las dos entidades en la práctica es mejor llevar ya hecho el trámite de inmigración. He de decir que esta chica resultó ser la eficiencia personalizada, porque a los tres días tenía en casa por fin el maldito personnummer. 
Así que ya puedo abrir una cuenta en el banco y evitar problemas con el tonto de mi cartero que se queda con mis cheques (y total para no poder cobrarlos...). 
Menos mal que lo más gordo de papeleo ya lo he hecho, porque todo esto ha sido, como diría mi Triniá: ¡de coña marinera!.

viernes, 7 de enero de 2011

El retorno (Vol. 2)

Lo prometido es deuda, aquí estoy de nuevo para contaros mis peripecias. El día de Nochebuena llegué a mediodía a mi casa, donde mi "pequeño" perro de 40kg estuvo en un tris de mandarme al suelo y desgraciarme, mientras la perri pequeña se me enredaba en los pies. Concierto de ladridos y carreras por el jardín. Después, achuchones de mamá y abuela. Mi abuela ha estado la mujer muy malita, y, aunque no creo que vaya a leer esto, le quiero dedicar la entrada de hoy por haber sido tan valiente y para que se anime y no se ponga "manía" cuando se encuentra un poco pachucha. ¡Que tú puedes con eso y con más!.

El día de Nochebuena, después de dos meses, por fin pude comer a una hora "normal" y, además, ¡con sol!. Oye, y ¡qué solazo!, ese solazo soriano que nos hace usufructuarios del cielo más azul de España (vale, no está probado, el que lo compruebe empíricamente que venga y me lo cuente, pero no me hará cambiar de opinión). En la comida no podían faltar mis añorados ibéricos, que por tierras nórdicas como que no hay, y si los encuentras, valen lo que el caviar beluga... ¡¡como he echado de menos el jamón y el lomo, por Zeus!!. He oído decir a alguien que los españoles somos los más patrióticos con la comida que puede haber. Igual es cierto, porque la verdad es que la echamos muchísimo de menos. Con el maremagno histórico que llevamos a las espaldas, creo que es la única forma en que los españoles nos atrevemos libremente a demostrar apego al terruño (sin contar los eventos deportivos, claro). Bueno, que me estoy yendo por los cerros de Úbeda como yo acostumbro. 
Tras la comida de Nochebuena, una buena siesta de un par de horitas y luego, como manda la tradición unas cerves y/o champanes en la Herradores. Bajé con mi padre, y nos tomamos una caña allí hasta que luego bajaron mis amigos y pude dar otra ronda de besos y achuchones. Antes de las diez nos marchamos, porque la cena estaría esperándonos y además era en mi casa. Resulta que fuimos los últimos en llegar, y todos los demás estaban ya atacando las bandejas de embutido, las patatas fritas y el paté. Pero antes de poder liarnos a jalar, ¡había que abrir los regalos!. Fue muy divertido, hicimos una especie de "photo call" junto a la chimenea donde los íbamos abriendo por turnos para ver las caras de la gente y hacerles fotos. He de decir que los regalos suecos tuvieron una calurosa acogida, sobre todo el cuerno para beber cerveza que le llevé a mi padre, que hacía juego con el casco vikingo de plástico (con sus cuernos y todo) que le llevé a mi hermano. ¡Ya solo nos faltaba el escudo y el drakkar para invadir algo!.
En la cena no podía faltar el típicamente sueco "inlagd sill" (arenque en vinagreta), que fue un éxito. Yo tenía mis dudas de que les gustara (salvo a mi hermano, que es fan total del arenque en vinagre).
Al final, cafés, copas y turrones, como manda la tradición. ¡Ayyyyyyy! ¡A ver cuando importamos el turrón de Suchard a Suecia, que mira que está bueno!.
Esa noche nunca salgo, porque es típicamente familiar, así que tras los turrones, todos a sobar.

El día de Navidad también nos juntamos en mi casa para la comida. Esta vez tocó chuletas de cordero a la brasa, recién hechas en la chimenea del sótano. ¡Ñaaaaaaaam!. Después, partidita de guiñote y pacharán, más soriano imposible. Mi familia se quedó hasta las 7 por lo menos, y luego yo salí por ahí con mis amigos, que los había visto rápidamente el día de nochebuena y tenía ganas de que me contaran cositas y ellos de que les contara sobre mi vida sueca. He de decir que se nos hizo un poco tarde... bueno, no sé si volví muy tarde o muy pronto, pero no encendí la luz (como dice mi padre). Hasta ahí puedo leer... fue un pequeño regreso a la adolescencia.

La semana entre medias la pasé acompañando a mi abuela a sus médicos y comprando cosas que me hacían falta y en Suecia no existen o son extra-caras. Fueron días de salchichón y lomo, siestas y recados. El día 30 tuvimos la "brillante" idea de quedar a tomar una copa. Qué pasa... que la una se hizo otra y nos dieron las uvas. Así que al día siguiente estaba tan muerta que lo que menos me apetecía era ¡salir por fin de año!. Esto me lo contaba una amiga antes de navidades y yo le decía que eso de salir el día anterior y luego no tener ganas de cotillón nunca me había pasado. Bueno, pues ya me ha pasado. Y la verdad es que nos lo pasamos genial esa noche, fueron muuuuchas risas, y había súper poca gente, nada de agobios. Vamos, justo lo contrario que en fin de año.
El día de Nochevieja también la cena fue en mi casa. Esta vez, langostinos, mejillones y pierna de cordero guisada. Nos pusimos guapos para hacer las fotos familiares que le gustan a mi madre. Esas con las que le gusta luego felicitar el año. Empezamos a cenar un poco tarde y casi se nos junta la carne con las uvas. Además, como en el sótano ya no tenemos tele porque se estropeó, nos tuvimos que subir al salón para poder ver las campanadas. Después, retoque del maquillaje, pintar un poco a mi prima y ¡todos a la calle!. Como había aventurado unas líneas más arriba no aguanté mucho, estaba cansadísima. Estuvimos en uno de los bares más cutres de Soria, pero en el que hasta te podías sentar y se estaba muy a gusto. A eso de las 5 me fui para casa y los dejé cantando canciones populares y hablando de sidra... :P
El día de año nuevo ya no nos juntamos para comer con toda la tropa, los últimos años comemos solo mis padres, mi abuela, mi hermano y yo. Así que juntamos todas las sobras y al lío. Luego, siesta. Estuve dos días más hibernando y sin salir de casa. Además, se acercaba el momento de volver y no me apetecía nada. El estado de pre-morriña me asaltó y me tenía con un desasosiego tristón bastante desagradable. El día 3 quedé por la tarde con todos mis amigos para despedirme y el 4 a las 10 de la mañana puse rumbo a Madrid. Después, la misma secuencia que a la ida pero con menos gente y menos retraso: 2 horas de aeropuerto, 20 minutos de retraso, 4 horas de vuelo, 15 minutos de maletas, 20 minutos de espera por el autobús, 1 hora y media de viaje en autobús y 10 minutos de taxi después, llegué a casa. 

Y heme aquí de nuevo, con las Chirucas perennes, viendo como cae una nevada bestial encima de otra y haciéndose de noche a las 3:30.
Ahora mismo está nevando a base de bien. Tengo miedo... ¿podré volver a casa desde el trabajo?

miércoles, 5 de enero de 2011

El retorno (vol. 1)

O, como dirían "martes y trece", el retonno.  Ya estoy de nuevo por tierras semi-polares, con un metro de nieve en el exterior de nuestros estudios y haciéndose de noche a las 3. Buffff... ha sido dura la vuelta. La verdad es que 10 días de vacaciones se quedan en nada, porque con uno que pierdes a la ida y otro a la vuelta, se quedan en 8. Pero he de decir que aunque no haya visto a todo el mundo, creo que aún los he aprovechado. 

Y, ¿cómo empezó el periplo navideño? Pues el día 23 de diciembre salí de mi casita sueca a eso de las 12 a.m. arrastrando mi maleta de 15kg por la ensaladilla de nieve y cantos rodados. Si no habéis probado, ¡es difícil de narices!. Cogí el metro hasta T-centralen y de ahí cambié a la estación central de autobuses. Como había comprado el billete por internet, una cosa menos que tenía que hacer. Así que directamente busqué de donde salían los autobuses hacia el aeropuerto de Skavsta y... había una cola como para un concierto de Madonna. Así que me dispuse a esperar pacientemente (a la sueca, porque aquí hacen cola para todo y están acostumbradísimos a estas cosas, ¡no iba a ser yo menos!). Aproveché para comerme un bocadillo por si luego no tenía tiempo de comer antes de subir al avión. La cola iba rápido, esperaría unos 20-30 minutos, que para la cantidad de gente que había no es nada. Después, al autobús, hora y media de viaje rumbo sur hacia Nyköping. Me tocó delante una mamá con un bebé rubito y gordo que no paraba de berrear como si lo estuvieran matando. La pobre mujer se pasó casi todo el viaje de pie con el crío en brazos porque parece que solo así le gustaba estar al pequeño energúmeno. Y el resto del pasaje, pues tapándonos los oídos. Qué fuerte chillan los bebés, con esos mini-pulmoncitos... ¿cómo lo harán?. Con el concierto que tuvimos daban ganas de ligarse las trompas... niños, humpf!.

Ya de noche llegamos al aeropuerto, que está en medio de la nada, en lo que parece la estepa rusa: llano-bosque-llano-bosque-llano-bosque... y todo con un metro de nieve por encima. Lo que más me llamó la atención fueron las rotondas: eran como una tarta de merengue perfecta, porque habían quitado la nieve de la carretera y quedaban ahí plantadas sin una huella ni nada. ¡Qué monas!

Al entrar en el aeropuerto de Skavsta el panorama era de otras 5 ó 6 colas larguísimas para llegar hasta los mostradores de facturación. Menos mal que faltaban 2 horas para mi vuelo... Con la música del móvil por los cascos me armé de paciencia y ¡otra vez a esperar!. Cuando conseguí llegar al mostrador la buena noticia es que mi maleta pesaba como 13kg (siendo el máximo permitido 15), la mala que ahora me tocaba hacer una cola todavía más terrible para llegar al arco de seguridad. Hale, ¡a formar de nuevo!. Y encima tenía detrás un grupo de chinas que no hacían más que empujarme... cagüentoloquesemeneaaaaaaaa... Consigo llegar hasta el control de seguridad, me hacen quitarme las chirucas pero por fin paso a la puerta de embarque. Y allí... ¡sorpresa! aparte de cientos de personas amontonadas, haciendo cola, llenando las mesas de la cafetería, sentadas por el suelo... encuentro una "simpática" pantalla que me dice que mi vuelo se ha retrasado de las 18:30 a las 20 horas. Vamos, que tengo hora y media de espera en esa amalgama de gente y olorcillo a humanidad. Así que saqué de la mochila el último libro que me he comprado de "True blood" y me entretuve comiendo anacardos y con las peripecias de los vampiros buenorros. Cuando aún faltaba más de media hora para las 20 horas, la gente ya empezó a hacer cola. ¡Por Zeus! ¡pero qué afición!. Yo esperé hasta que la cosa empezó a avanzar. Total: el avión va lleno, los asientos no están numerados y vamos a volar todos. Así que, calma. Tras la última cola del día, llegué andando por la helada pista al avioncito de Ryan Air que nos esperaba escondido en la ventisca. Ya dentro, lo típico: normas de seguridad, comida carísima de plástico y espacio vital reducido. Tuve la suerte de que me tocó al lado a unos "erasmus" españoles muy majos y por lo menos tuve conversación durante parte del viaje. Cuatro horas después y con el cuello contrahecho, aterrizamos en Madrid. Una corta espera por las maletas y a correr a por el último metro. Pero el último ultimísimo de la muerte, vamos, que no nos dejaron hacer transbordo y nos echaron al llegar a Nuevos Ministerios. Así que desde ahí tuve que coger un taxi hasta la casa de mi hermano. Eran las 2 de la mañana. 12 horas desde que había salido de mi casa. ¡Y luego dicen que no está lejos Estocolmo!. Es que la gente es muy lista cuando solo cuentan las horas del vuelo. Pues no majooooos, que la cosa tiene mucho más intríngulis. 
Así que reventadita estuve un rato hablando con mi hermano, comiéndome un muslo de pavo y un tomate y a dormir.

Al día siguiente ya era Nochebuena, y vino mi padre a buscarnos. Qué solazo hacía en Madrid. Después de dos meses de vivir en esta blanca oscuridad, me parecía que había llegado al verano: por el sol y por la temperatura. En dos horitas nos plantamos en Soria, donde me esperaban muchos achuchones de la familia y fiestas de mis perros. Y por fin pude comer a la hora española y ¡¡echarme la siesta!!.

Y el resto os lo cuento mañana, que me canso de escribir...

jueves, 16 de diciembre de 2010

Una semana

¡¡Eso es lo único que me queda para volver a casa por Navidad!!. Ahí estaré, emulando al del anuncio del "Almendro", pero en vez de abrir la puerta y que todo esté decoradito y tranquilo aparecerá mi mega-perro de 40 kg en plan tsunami y probablemente acabe en el suelo. Igualmente, va a ser genial  el recibimiento. Echo mucho de menos a mis perros. Como le suelo decir a mi madre, ¡con ellos no puedo hablar por el skype!. Así que el reencuentro después de dos meses va a ser memorable. 

Volaré el próximo jueves 23 desde el aeropuerto de Skavsta, uno pequeñito (estilo Matacán o el de Badajoz) que está un poco lejos pero es desde el único que vuela RyanAir. Es que en estas fechas Iberia decide que viajar con ellos es de súper lujo y te pone el vuelo de ida y vuelta a precio de oro.  Vamos, que lo de la crisis se la trae al fresco. Como hasta hace poco eran los únicos que tenían vuelos directos a Estocolmo podían hacer lo que les diera la gana. Qué malos son los monopolios... ahora que ha empezado RyanAir a hacerles la competencia espero que se bajen de la parra y vuelvan a poner precios más normales. 

A lo que iba, que el jueves 23 saldré de casa con mi maletita y cogeré el metro un par de paradas hasta la estación central. Después un bus que tarda una hora y media más o menos en llegar al aeropuerto de Skavsta. El problema es que esa carretera suele tener un tráfico terrible y siendo vísperas de navidad y con la cantidad de nieve que hay... espero que no tardemos una barbaridad. Porque claro, tengo que estar con la suficiente antelación como para facturar la maleta y por si surge cualquier problema (que con las limitaciones de peso nunca se sabe). Eso hace ya de momento tres horitas de aventura entre metro-bus-espera. Después, suponiendo que salga puntual (tendré que ponerle una vela a algún santo escandinavo para que todo vaya bien), me esperan 4 horas de vuelo. Así que entre unas cosas y otras, después de 7 u 8 horas llegaré a Barajas a eso de las 10 de la noche. Ese día  mi plan es quedarme a dormir en casa de mi hermano, porque si le sumas a toda la aventura otras 2 horas de coche voy a llegar reventada. 
Así que ese es mi plan de viaje.

Cambiando de tema, hoy hay aquí una tormenta de nieve tremenda. Por la ventana casi no se ve, porque hace un aire terrible.  Y a mí me gusta la nieve pero no la ventisca,  cuando los copitos de nieve se te meten en los ojos o te pinchan como balines. ¿Por qué hoy que me toca tarde de colada tiene que hacer este tiempo? Es de lo más entretenido salir al patio abierto que hay para llegar a la casita de la lavandería. Y volver a entrar cargada de ropa, marcar el código de la puerta confiando en que la ropa interior no acabe sembrada por el portal y llegar al segundo sin novedad. A todo esto si le sumamos una tormenta de nieve... ¡parece una gimkana!. 

Así que hoy me iré pronto para hacer muchas cosas porque con tanta nieve no se puede andar muy rápido...

martes, 7 de diciembre de 2010

Julbord

Como suelo hacer últimamente, voy a hablar de comida. Ayer fue la cena de navidad de mi trabajo, lo que aquí se llama Julbord (literalmente, mesa de navidad). Es la típica comida navideña, que normalmente se hace fuera con la gente del trabajo o los amigos, y en nochebuena es una versión casera de la misma.

Se trata de un buffet con un montón de platos diferentes, donde puedes encontrar el famoso arenque (sill) en conserva de todas las formas posibles: con salsa de mostaza (que para mí es uno de los más ricos), marinado con canela, o con bayas, o con pimienta y zanahoria...  etc., etc., etc. También, cómo no, está el salmón (lax): el ahumado de toda la vida (rökt lax) el ahumado con hierbas, el hecho al horno normal y al horno con hierbas. Siguiendo el consejo de mis compañeros suecos, empezamos por los platos fríos y, en concreto, por el pescado. Así que nos pusimos un platito con todo eso y luego hicimos una segunda ronda. También entre las cosas frías había un montón de quesos, huevo cocido relleno de caviar naranja (no sé de qué pez será...) o de gambas, ensaladilla de remolacha, una parecida a la rusa pero hecha con frutas... y otras cuantas que no recuerdo. Añadamos un montón de carnes curadas o en salazón, salchichón, pastel de marisco y de carne, unas cuantas salsas, pepinillos (gurka) en vinagre y tenemos un resumen de los platos fríos.
En caliente, es típico encontrar las famosas albóndigas (köttbullar), las mini-salchichas, y un plato hecho con patatas cortaditas, nata y anchoas, que se hace al horno y está francamente rico (janssons frestelse creo que es el nombre). También alguna que otra sopa, pollo, costillas, más patatas hechas de formas distintas y alguna otra cosa que no recuerdo.

No os he contado antes, que aquí es muy típico lo del caviar. No sé qué diferencia hay entre las distintas clases, pero es curioso porque lo suelen vender en tubos como los de la pasta de dientes. Entonces aprietas y te lo untas en el pan o te lo echas en plan salsa. A mí no me hace mucha gracia, la verdad, sólo sabe salado. El formato es lo genial, en esos tubos a lo pasta de dientes también encuentras un montón de cremas de queso, mermeladas... etc. ¿Será para no tener que fregar cuchillos de untar?. Tengo que investigar esta afición sueca por los tubos apretujables.

Y, por si alguien todavía tiene hambre después de esta retahíla, ¡faltaban los postres!. En el julbord había una típica tarta de chocolate, avellanas y crema, pero no sé cómo se llama. También tuvimos unos cuantos tipos de mousse en vasitos y tarros con gominolas, mini-chocolatinas y caramelitos. Vamos, cualquier niño habría sido feliz con ese postre, pero no era estrictamente navideño: los dulces realmente típicos de estas fechas son los lussebulle, los bollitos y trenzas de azafrán.  Se comen por Santa Lucía y navidad y, resulta algo exótico,  porque en España le echamos azafrán a la paella y otros platos salados, nunca a algo dulce. Así que ves una magdalena amarillo pollo y te quedas un poco extrañado. Los probé hace unos días y están ricos pero resultas chocantes al paladar español.
Otra cosa más usual y que también está por todas partes: las galletas de genjibre y canela (pepparkakor), que están ricas ricas, sobre todo cuando te las tomas con una copita de glögg, un vino caliente con especias que se toma con pasas y almendras dentro. ¡Qué descubrimiento!. Cuando estás en la calle mucho rato sienta estupendamente uno de estos para entrar en calor. ¡Estos vikingos sí que saben!.

Me estoy acordando de la pepparkaka posiblemente más famosa del mundo mundial: el muñequito de galleta de Shrek!. Era taaaan monoooooooo...

De tanto hablar de comida me ha entrado hambre, así que me voy a comer. A las 12:14, horario sueco.

¡Buen provecho!

lunes, 29 de noviembre de 2010

The darkness

No, no es por el grupo de música, es que ya es de noche en el exterior de nuestros estudios centrales. Podrían ser las 9 tranquilamente, pero aún no son ni las 4. Esto es lo que peor llevo de la vida en tierras tan septentrionales, la falta de luz. A los que venimos del sur de Europa (casi del norte de África, según se mire) se nos hace muy cuesta arriba.
Por la mañana tampoco es que amanezca prontísimo para compensar: hasta las 8 más o menos no sale el sol, así que si te levantas tarde es un rollo. Eso me pasó hace un par de semanas, me levanté a las 12 y en tres horitas era de noche. ¡Daban ganas de volverte a meter en la cama!. Este fin de semana no me he levantado tarde pero he llevado horarios españoles en las comidas, lo cual también se hace más raro que un perro verde: estaba a las 3:30 comiéndome unos macarrones y viendo el telediario online, a la par que se hacía de noche. Así que no sabes si estás comiendo, cenando o qué. 

Ahora entiendo lo de los horarios suyos para comer. Creo que intentan aprovechar la luz del sol al máximo, así que a las 11:30-12 ya están comiendo. Ellos y yo también, que allá donde fueres haz lo que vieres. Los primeros días se te queda cara de póker al ver a la gente comiéndose un potaje a las 12 de la mañana, pero luego te acostumbras. No se hace difícil, porque hambre tienes (es la hora del café en España) así que en vez de zamparte un pincho pues ya comes de verdad.  Siguiendo con las costumbres suecas a las 6 de la tarde estás que te comes una vaca (starving, como dicen los ingleses) y a las 7 te entra la cena como lo más normal del mundo. Lo malo es que no me acuesto más pronto, y a veces antes de irme a la cama me entra hambre otra vez. Es una faena, porque me estoy poniendo de comer como el kiko desde que he venido, seguro que en un mes ya he engordado. 

Hablando de comida, aquí comen mucho en general, y muchos dulces en particular. Existe una cosa maravillosa que es la pausa para el café, lo que sería para nosotros un ratito de desconectar durante el trabajo. Se llama fika, y puedes tener un fika, irte de fika... sirve para todo, lo típico es que sea un "coffee break", pero si quedas por la tarde para una caña y no para cenar, también puede ser un fika. En el trabajo tenemos un fika organizado una vez a la semana. Como aquí se come a las 12, lo hacemos a las 3, que sería la hora sueca de merendar. Cada semana se encarga uno de cocinar o comprar algo dulce, y esta semana me toca a mí. Todavía no sé qué haré. Me apetece traer algo casero, pero sin tener que currar a lo bestia, a ver qué se me ocurre...


Como os contaba 8 líneas más arriba, aquí se comen muchos dulces. Y claro, tanto les gustan que los han perfeccionado, ¡hay unos dulces súpeeeer ricoooos!. Mi preferido, como os conté en otra entrada, es el kanelbulle (bollo de canela), pero también hay tartas tipo "pie" con masa abajo y arriba y dentro manzana, o arándanos...también  es muy típica la de ruibarbo (yo juraría que en España no la he visto en ningún sitio). También hay unas bayas que se llaman lingon berries y son una especie de arándanos rojos originarios de la tundra y el bosque boreal, así que por estos lares nórdicos abundan. Y los usan para hacer un zumo que está muy rico (una especie de agua de color rojo-morado), pasteles... de todo. Es algo así como un primo hermano del arándano. Más cosas curiosas que se comen por aquí... las bolas de chocolate con coco rayado por encima y unas tartas que son como media pelota verde o rosa y al principio me chocaron mucho al verlas. Por dentro llevan bizcocho, nata y merengue, y lo verde o rosa es una capa fina de mazapán de colores. Para mí son demasiado dulces, pero al que sea muy goloso seguro que le encantan. Creo que se llama princess cake. También hay unos bollos y trenzas de bollería que llevan azafrán, pero aún no los he probado. La  masa se queda amarilla, tiene una pinta curiosa. Cuando lo pruebe os cuento.
Ahora lo que abunda son los dulces navideños. Yo pensaba que no me gustaba el jengibre hasta que he probado las galletas navideñas con genjibre y canela, están súper buenas, porque al llevar la canela no pican mucho. Son marrones, finitas, redondas o con forma de estrellitas. Es una de las cosas que llevaré a mi casa por navidades. Hay otras cosas hechas con genjibre, como una especie de pan con el que se hacen casitas tipo la de Hansel y Gretel. También en este surtido navideño encontramos  estrellas de chocolate y mazapán, figuritas de chocolate y otras cositas ricas. Intentaré reservarme para navidades, pero, ¡no sé si voy a ser capaz!.

No sé como he empezado hablando de comida y acabo contando tartas... en fin, esta cabeza mía que tiende a dispersarse.

Os dejo pequeños, ¡que me marcho a ver el barça-Madrid!.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Está que no se sabe lo que va a hacer

Eso es lo que dicen mi madre y mi abuela cuando el tiempo cambia constantemente. Pues en Estocolmo es así todos los santos días. Esta mañana a las 8 había algo de nieve que había caído por la noche. Cuando he salido a la calle caía un xirimiri molesto. Después, a media mañana se ha puesto a nevar. Más tarde ha parado y ha vuelto la lluvia fina. Y cuando hemos salido hace un rato hacía menos frío que antes, milagrosamente. 

Y así todos los días, para desquiciar al personal.

Hay una web ("The weather channel" ¡toma publicidad gratuita!) donde aciertan bastante con el tiempo. En España si lo miras un lunes para toda la semana, puede variar poco la predicción. Aquí lo miras un lunes y te pone que el miércoles llueve y el jueves sale el sol. Lo vuelves a mirar el martes y te pone que va a nevar el miércoles y a hacer niebla el jueves. ¡Es una locura!. Lo peor de todo es que es verdad, que puedes estar por la mañana con una nevada que no veas, se ponga el calabobos este que aburre a una vaca de madera (mi madre dixit) y por la noche ya no queda nieve. O al revés, que llegues a trabajar lloviendo y nublado, y cuando salgas se puedan hacer muñecos como tú de grandes. 
Bueno, aquí la gente no hace muñecos de nieve. Tampoco se tiran bolas. Supongo que hay dos razones: una, que son muy civilizados como para tirarse bolazos (sin haberse tomado antes unas cervezas ni de coña); otra, que como están tan acostumbrados a tenerla durante 5 meses seguidos, pues no les hace gracia. Y supongo que deben flipar cuando nos ven a los "guiris" en plan batalla campal a bolazo limpio. Con lo que nos gustaba cuando éramos pequeños y caía una nevada buena, que los críos hasta hacíamos trincheras para que la guerra de bolas fuese aún más cruenta. Y hacíamos muñecos, y les poníamos una nariz de zanahoria y los ojos y la boca con palos y piñas, ¡a veces hasta bufanda!. He de confesar que como me gusta tanto la nieve, cuando estoy en Soria y cae una nevada maja aún hago alguno de vez en cuando. Hasta que llega mi perra y se pone a escarbar y me lo desmonta. 

Otra cosa curiosa de las nevadas suecas: en vez de echar sal en el suelo para que se derrita la nieve, echan piedrecitas tipo gravilla, son como las que se sueltan de la carretera cuando acaban de asfaltar. La verdad es que funcionan, y al pisarlas no te resbalas. Salvo cuando nieva encima, se quedan dentro las piedritas y se hace hielo. Estilo turrón del duro, pero con piedras y nieve. Entonces no sirven para nada y toca echar otra paletada al suelo.

Aún no he visto el punto álgido de las nevadas en Suecia, que será dentro de un mes o dos y debe ser impresionante. Haré fotos en cuanto caiga una medianamente maja y hayan puesto ya los adornos de navidad. Porque la creencia de que el peor mes de todos es noviembre, aquí es unánime. La gente se deprime, a otros les duelen los huesos con tanta humedad, no hay días de sol (o está lloviendo o nublado o nevando)... vamos, un poquito horror. Pero luego llega diciembre y con las luces y las fiestas hay más movimiento y es diferente. Menos mal que apenas queda una semana de este mes tan "bonito" y pronto os estaré contando de nevadas increíbles, "papás noeles" y niños cantando villancicos impronunciables. 

Pero mientras llega ese momento, voy a ver el parte del tiempo a ver si ha cambiado lo que decían para mañana...