sábado, 21 de mayo de 2011

Hasta el 40 de mayo...

Yo creo que los refranes son universales, porque ya hay unos cuantos que por aquí también he visto que se cumplen. Y este de los que mas, porque pasamos hace tres semanas de la manga corta a la nevada matutina. Como diría mi amigo Dani... ¡mátame camión!.
Hoy sin embargo no voy a hablar del tiempo, era solo una muletilla introductoria porque es lo primero que se me ha ocurrido al ver que estamos a 21 de mayo y hace mas de un mes que no os cuento nada. Y en este tiempo han pasado... ¡un montón de cosas!.

Vino y pasó la semana santa, que aquí llaman simplemente pascua (Påsk) y se dedican a decorar las casas con figuritas de gallinas y a comer huevos de chocolate pero sin sorpresa. El viernes santo  (Långfredagen) hice mi primera excursión a Vaxholm, un pueblecito costero que en verano está a reventar de turistas, así que probablemente lo vi en el mejor momento, cuando todavía no había apenas gente. Y allí, en una pequeña playa junto a una pareja de patos probé por primera vez las frías aguas del Báltico. Vaaaaale, solo metí los pies, pero es que ¡hacía apenas dos semanas que se había quitado el hielo!. Dadme un mes y seguro que estoy nadando, que soy de Soria, ¡hombre ya!. Los que de pequeños nos bañábamos en la Laguna Negra no nos asustamos fácilmente.

Aunque no cogí vacaciones como tal me crucé el Báltico de sábado a lunes de pascua (Annandag påsk, aquí festivo) para visitar Riga, la capital de Letonia. Gracias a RyanAir y sus perpetuas rebajas aunque apretados asientos, en una horita nos plantamos en otra de las repúblicas con nombres fáciles de confundir. Creo que me las voy aprendiendo gracias a Eurovisión, para que luego digan que el festival no sirve para nada...

Es una ciudad preciosa, recomiendo vivamente su visita a todo el que esté leyendo estas líneas. Son todo ventajas: de pequeño tamaño se ve en un fin de semana tranquilamente, es muy bonito y si vas desde Estocolmo te resulta tremendamente barato. Una cerveza a 2,5€ ¡ya no recordaba lo que es eso!. He de decir que sorprende gratamente, porque nadie espera de una antigua república rusa esa cantidad de edificios Art-Nouveau, esas iglesias de todo signo, esas casitas tan monas en el casco antiguo y ese solazo que nos alumbró todo el fin de semana. Eso sí que fue una suerte, a cualquiera que se le diga que he estado tomando el sol en Letonia mientras en España caían chuzos de punta... 

Lo malo de este "post" es que como ha pasado bastante tiempo ya no puedo contaros todo al detalle en plan guía de viajes. Entono el mea culpa y prometo en mi próxima escapada escribiros justo al volver y contaros  todo con pelos y señales. 

Después de un fin de semana estupendo con gente estupenda tuve que volver a Estocolmo, empaquetar todos mis trastos y... cambiarme de piso. Tranquilidad, que estaba ya todo previsto, os lo cuento así por ser un poquito melodramática. Fue una semana muy movidita: el miércoles firmé el contrato, el jueves llevé la primera bolsa con las botas de nieve y demás aparejos invernales, el viernes fui al Ikea y me compré una cama, el sábado por la mañana me la trajeron a casa y ese mismo día mis amigos me ayudaron a cargar con las cosas más pesadas para llevarlas de mi antiguo piso al nuevo. En un viaje lo llevamos todo, porque en seis meses de estancia "Estocolmiana" tampoco me ha dado tiempo de acumular demasiados zaleos (gran palabra que los salmantinos conocen bien). Esa fue mi última noche en Slussen. Han sido seis meses viviendo en lo que podría ser el Fuencarral madrileño, el "fucking middle" del moderneo y del Estocolmo más "cool". He sido una privilegiada gracias a mi jefa soriana, las gestiones de mi contacto sueco y la magia del facebook. Para que luego lo critiquen... ¡a mí me salvó de vivir bajo uno de los múltiples puentes de esta ciudad!.

El domingo de esa semana tan intensa fue agotador: limpié mi antiguo piso, el nuevo, y aún tuve que hacer tres viajes más para terminar de traer todo lo que faltaba. Caí en mi nueva cama como un saco de cemento (pero de los de antes, los que pesaban 50 kg). 

Llevo en mi nuevo hogar un par de semanas y... me encanta. Sigo en Södermalm pero ahora hacia el oeste, muy cerca del agua, enfrente de un parque pequeño y muy cerca de uno enorme (Tantolunden). Es un barrio más tranquilo pero muy bonito, con tanto árbol y tanto verde... no parece el centro de Estocolmo, la verdad. Y el piso está muy bien, para los estándares suecos puedo decir que es grande, para los españoles sería más bien pequeño-mediano. Estoy muy a gusto y no he tenido ningún problema, salvando el detalle de haber perdido esta semana la llave de la lavandería y tener una tonelada de ropa sucia acumulada y el armario vacío. Espero que ser resuelva la cuestión en la semana que empieza. Por el momento ha acudido al rescate una amiga mía que me va a prestar medio turno de "laundry" en su casa. No voy a dar detalles porque seguro que para los suecos eso de compartir la lavadora con un "no-residente" en el edificio es ilegal, con lo particulares que son para el tema tvätt...

Y con esto y un bizcocho creo que termino mi post de hoy, porque esta mañana he hecho kayak por primera vez y estoy bastante contrahecha. Tres horas remando, parte de ellas a contracorriente ¡te deja hecho polvo!. Recordaba a las películas en que castigan a alguno mandándolo a galeras. Faltaba el tío del tambor diciendo "¡reeemeeeeen! ¡reeemeeeeeeen!". Ha sido muy divertido y las vistas del Stadshuset desde el agua son IMPRESIONANTES. Altamente recomendable, la verdad. Solo espero que el próximo día no haga tanto viento, no se me rompan los pedales de virar y no perdamos a ninguna rubia por el camino ;P

Os dejo malandrines, que me llama el sofá.
Más historietas estocolmianas en próximos episodios.

viernes, 15 de abril de 2011

¡Qué solazo!

Y es que cuando pega el sol en Suecia, pega pero bien. Es como un derechazo a lo Rocky Balboa en toda la retina. ¡Zasca!. Así que llevo las gafas de sol siempre en la mochila aunque estén cayendo chuzos de punta porque, como el tiempo está loco, lo mismo luego se despeja y voy viendo menos que "pepe leche" (como decía mi abuelo). La culpa la tiene la primavera sueca y su tendencia hacia la personalidad múltiple: Ayer hacía un día gris oscuro nubladísimo, vamos, más feo que pegarle a un padre con un calcetín "sudao" a las tres de la mañana. Y hoy, amanecemos a las 5:30 y con un sol radiante. Así que me he animado a escribiros unas líneas anticiclónicas y primaverales.

Esta semana en uno de mis paseos XXL por los puentes de Estocolmo pude comprobar que en el centro ya no queda nada de hielo flotando en el agua. ¡Se ha derretido todo lo que quedaba en una semana!. Reconozco que tenía su encanto, a mí me recordaba a una sopa de ajo, todas esas láminas de hielo gigantes flotando. He de matizar que sólo se ha derretido en lo que es el centro; si te vas a uno de los lagos que están fuera de la ciudad, todavía tienen una capa blanca encima. Y es que derretir ese "tocho" de hielo no es tarea sencilla. Acabo de encontrar una página web (¡bendita internet!) con métodos para ver el espesor del hielo y recomendaciones al respecto. Dicen que 15 cm es lo mínimo requerido oficialmente en Suecia para las carreras con patines. Con 25 cm puedes meter un coche al lago, y con 80 cm o más... puedes pasearte con ¡¡un tanque!!. Dios, ¡qué visión! siempre he querido tener uno... ¡son una pasada!. Mucho mas "molones" que un deportivo ¡donde va a parar!. Imaginaos una película americana de adolescentes y el típico niñato que aparece con un descapotable para recoger a la súper animadora. Si en ese momento llega el pardillo del club de ajedrez con un tanque y le pasa por encima al capitán del equipo de rugby ya veríamos con quien dormía la rubia.

Volvamos a lo que estábamos, que tengo una capacidad para visualizar cosas aburdas...

Os hablaba de los lago helados. Al hilo de esto os puedo contar que el fin de semana pasado estuve en el campo. Fui con dos amigos que son biólogos "de bota" y ya conocían el lugar de haber ido a recoger muestras. Se trata de Tyresta nationalpark. Es un parque nacional de unas 5000 hectáreas, varios lagos y muchas rutas posibles, una que incluso llega hasta el mar. 
Es un sitio realmente bonito, al estilo zona de pinares en Soria, pero sin montañas. Se hace raro que sea todo tan llano... es como si hubieran cogido la zona de la Laguna Negra y la hubieran aplastado con un rodillo de cocina gigante. 

La ruta que hicimos iba de Tyresta by al lago Stensjön y luego... pues no estoy muy segura (es lo que tiene escoger un poco al azar en algunas de las intersecciones, pero pasamos por otro par de lagos, así que debían ser el Årsjön y el Bylsjön. He de decir que está muy bien señalizado, así que salvo en algún trozo más abrupto es difícil perderse. Para marcar las rutas, en lugar de darle un brochazo de pintura roja a las piedras ponen en las susodichas un palo clavado al suelo y sujeto por unos tornillos gigantes y ahí le plantan un plástico rojo. Eso dura por los siglos de los siglos. ¡Lo que es la eficacia sueca oiga!. 

A mitad de camino pasamos por una zona que se quemó en un incendio en 1999 y sigue estando como un bosque fantasma. En la foto de la izquierda podéis ver como algunos pinos pequeñitos empiezan a brotar, pero la mayoría son árboles completamente petrificados. Daba un poco de "mal rollo": entre el paisaje y que no se oía ni un ruido, parecía una película de terror. En algunas zonas se oía algún pajarillo tímido, pero en casi toda la ruta lo único que se oía era el viento soplando. Comimos a la vera de uno de los lagos, que aún tenía por encima una buena capa de  hielo, pero no tan buena como para atrevernos a dar una vuelta por encima. Y ganas no nos faltaron, porque había una pelota en medio y podríamos haber echado un partido para hacer la digestión del bocata...

Cuando ya estábamos de vuelta, y faltaban 5-6 km nos dimos cuenta de que íbamos un poco mal de tiempo para coger el último autobús y tuvimos que acelerar bastante la marcha. Y eso por las piedras, el barro y los tomos de hielo fue un poco "gimkana". Si el último bus salía a las 17:50 llegamos a y 51-2. Y... ya no estaba. Así que después del "sprint" campo a través, tocó comerse otro par de kilómetros hasta la siguiente parada. Allí autobús, cuarto y mitad de "voltaren" para mis tobillos, un rato de tren y en casa. 
Ese día era la "noche blanca" en Estocolmo (al estilo de Madrid y muchos otros sitios, pero aquí la llaman noche cultural "kulturnätt"). Como después de la ducha me atrapó el sofá no os contaré nada de los eventos culturales que hubo ¡porque no sería información de primera mano!.

Estamos planeando ir mañana a algún otro sitio campestre. Después de un larguísimo invierno empiezo a entender esa obsesión de los suecos con el campo y las plantas. Tras 6 meses de no ver la hierba, estás deseando ver la primera flor. Y ayer me contaron en clase de sueco que es el Tussilago farfara, a ver si mañana veo alguna. Que conste que yo vi la primera en Tyresta el sábado pasado y era de otra especie... creo que era lo que aquí llaman blåsippa. Otra de las primeras en el reparto por orden de aparición.

Hablando de las flores me he acordado que no os lo había contado aún: he empezado a ir a clases de sueco. Solo me sabía los números (y no todos) y las cosas de comer... así que estos dos primeros días han sido un poco terribles, porque ¡no me entero de nada!. Además, juego con desventaja en una cosa: la gente saca su iPhone y el cacharro hasta habla y les dice la frase que sea, solo le falta hacerles los deberes solo... y yo sobreviviendo con mi diccionario a la antigua usanza y mi "zapatófono". Voy a tener que subirme al carro de los "smartphones".
Pero bueno, en relación con el curso de sueco, el segundo día fue mejor que el primero, y creo que al menos conseguiré chapurrear alguna cosa más que el "hola" y "adiós" de ahora.  Estas dos semanas son en plan introductorio solo los que acabamos de empezar, y luego ya nos "lanzan" a alguna de las clases. Entonces me acordaré de esa frase tan de mi madre, ¡ahora viene cuando la matan!. Os iré contando mis progresos o mi desesperación porque no progreso. Espero que sea lo primero...

Aparte de eso pocas novedades mas se me ocurren... mejor lo que vaya pasando os lo cuento en otro otro "post". ¡Feliz viernes!

domingo, 13 de marzo de 2011

El deshielo

Eso es precisamente lo que está pasando ahora mismo por tierras suecas. Tras cinco meses de nieves perpetuas parece mentira que la primavera esté llegando. Bueno... hay que matizar que aquí la primavera no es como la del Corte Inglés, pero al menos hace sol (a ratos) y tenemos grados positivos.
Creo que en España nunca me había percatado de los sutiles cambios primaverales. En Salamanca y en Soria tenemos un salto casi directo del invierno al verano, vamos, de joderte de frío (mmm... ¿se puede decir joder a estas horas?) a la manga corta. Y en Badajoz tienen una especie de invierno primaveral que de repente se convierte en la chicharra más absoluta. Así que nunca había visto el proceso como ahora, poquito a poquito, como a cámara lenta. 

El lado malo es que la nieve y el hielo de las calles se ha convertido en una masa informe gris oscura  que van amontonando y da bastante asquete. Además, hay un montón de charcos y "barruchi" y llegar a casa sin mojarte ni mancharte es misión imposible. Y más para alguien como yo, con esa querencia a las manchas. Mis queridas "apestadas" pacenses se acordarán de lo poco que me duraba la bata limpia... Hablando de manchas y de descongelar, he observado un fenómeno en el que no había caído hasta que leí esto y me paré a comprobarlo. Es totalmente cierto, la gente no recoge las cacas de los perros, estos las entierran en la nieve ellos solitos y ahora que se está quitando la "capa blanca protectora" te encuentras algún que otro "ñordo" ultracongelado y hay zonas de algunos parques que empiezan a oler mal. Hace unos días, para completar mi inmersión en este fenómeno, iba paseando por una zona bastante empinada siguiendo el camino hecho en la nieve cuando me tocó pasar cerca de un perro que estaba en plena faena "defecante", con tan mala suerte de que el cánido decidió enterrar su trofeo y me lanzó una granizada de nieve mierdosa. Conseguí evitar la rociada saltando como un mono hacia la montonera de nieve. Me hundí hasta más arriba de las Chirucas, ¡pero salvé los pantalones!.

Dejemos los inconvenientes del deshielo y pasemos a las ventajas de la primavera sueca, que son... ¡todo lo demás!: hace menos frío, sale el sol (por Antequera) y tenemos más horas de luz. Es impresionante los minutos que se le ganan a la noche en poco tiempo. Para que os hagáis una idea, si en febrero la salida del sol es hacia las 8 y la puesta hacia las 16, hoy, 13 de marzo, apenas un mes después, ha amanecido a las 6:11 y anochecido a las 17:44. Lo malo es que soy como mi padre en este tema, como haya claridad en seguida me despierto. En verano, que amanecerá a las 4 de la mañana, no sé que voy a hacer... tendré que buscarme un antifaz de esos que dan en los vuelos transoceánicos. Voy a estar monísima, como la típica señora con el camisón de raso, colcha de floripondios y pelo cardado que duerme con antifaz a juego en tantas películas ochenteras. 

Lo que más voy a echar de menos es la nieve y los deportes de invierno. Hace unas tres semanas estuve esquiando en una mini-estación que hay a unos 300km de Estocolmo,  Romme Alpin. Lo tienen todo organizado estupendamente: por Internet haces la reserva de todo, incluido el material incluyendo esquíes y botas (hasta te preguntan el número de pie...). Luego, en el día en cuestión te llevan en autobús, ahí mismo reparten los "forfaits" y a la que llegas coges el material que has reservado. Por la tarde, cuando cierran la estación, de nuevo al autobús y a las 8 en Estocolmo. La estación no es gran cosa, pero para quitarte el "síndrome de abstinencia" está muy bien. Eso sí, lo que aquí llaman montañas para nosotros son colinas. ¡Es muy llano!. De hecho, los suecos se van a esquiar a los Alpes. Con deciros que las pistas negras de esta estación eran como las rojas de los Pirineos...

Aparte del esquí, la semana pasada fuimos a patinar sobre hielo en un lago que se llama Norrviken. Yo había probado muchas veces con los patines típicos que llevan una bota y la cuchilla "pegada" abajo. Bueno, pues en este sitio, te alquilan unos patines rarísimos, que son como unas botas ortopédicas a las que luego con una cuerda les atas unas cuchillas gigantes que llevan el hueco para poner los pies, en plan fijaciones de esquí. El tema es que mover esos cuchillos jamoneros con gracia es difícil de narices.  Sobrevivimos a la prueba con el viento en contra, algún hombro fuera, unos cuantos aterrizajes forzosos en los montones de nieve de los lados y muchas risas. Con el buen tiempo que está haciendo igual no podemos volver a ir, porque empezará a ser poco segura la capa de hielo. Y paso de acabar trepando desde un agujero de agua helada clavando unos "pinchicos" en el hielo... Lo bueno es que aún podremos ir durante un tiempo a las pistas artificiales que hay por la ciudad ¡y patinar con 2ºC no tiene nada que ver a hacerlo con -10ºC! Espero comprarme unos patines en las rebajas de las tiendas de deporte, ahora que están al 50% las cosas de esquiar y demás ítems invernales y seguro que están baratos. 

No recuerdo qué más tenía pensado contaros... será porque mis tripas piden la cena y no me llega suficiente glucosa al cerebro. Así que, antes de que me dé una hipoglucemia me voy a comer algo.

¡Seguiremos informando!.

lunes, 14 de febrero de 2011

Indiana Jones en busca del personnummer

Últimamente no estoy nada inspirada queridos. Pero esta última peripecia la tengo que contar en pro del bien común, porque igual que a mí otros muchos están y han estado pasando penurias para conseguir el bendito número de identificación sueco y poder llevar una vida normal. El numerito de marras es necesario para desde comprarte un móvil de contrato hasta hacerte una cuenta bancaria pasando por apuntarte al gimnasio. Es necesario para todo eso y mucho mas. Sin él no cuentas como verdadero residente en Suecia. 
Empecemos por el principio, para tener uno de estos números, ¿qué hace falta?
Primero y principal, demostrar que vas a vivir como mínimo un año en Suecia y tener forma de comprobarlo: un contrato de trabajo en vigor o una beca de estudios o algún tipo de papel que demuestre que vas a estar aquí no como un turista sino como un ciudadano activo. Si eres estudiante con algún papel de la universidad debería valer. Si no tienes contrato como tal, un papel de tu jefe explicando en qué trabajas y quién eres también servirá. En mi caso, un contrato de dos años era más que suficiente para poder pedirlo. 
Peeeeero, antes de poder hacer la solicitud, hay que pasar por inmigración. Como ciudadano de la UE tienes derecho a residir en cualquiera de los países miembros, pero necesitas que te hagan un papel que diga: "de acuerdo, estás aquí, eres española, te puedes quedar". Eso si te vas a quedar mas de tres meses, para menos tiempo no es necesario porque se supone que eres turista. Lo bueno de esta gestión es que ahora se puede hacer por internet: vas a la web del "migration board" y allí están los formularios para el registro "online". Parece fácil, ¿eh? Pues no creáis, que la maldita página solo funciona con internet explorer, así que después de llevar medio proceso hecho con el firefox, me tuve que bajar una versión cutre del explorer en mi mac. Aquello se colgaba cada dos por tres, no guardaba los datos... lo tuve que repetir tres o cuatro veces. Cuando por fin recibí el mail de confirmación del registro no estaba segura de si se había procesado bien. De esa gestión obtienes un número de registro (como el número de reserva cuando compras un vuelo por internet), y con él puedes ir consultando en esa página el estado de tu petición. Después, cuando tienen la resolución, te mandan una carta a casa por correo ordinario con el resultado.

Yo pensaba que para gestionar el personnummer necesitabas esa carta, pero una amiga me dijo que se podía ir haciendo en paralelo, porque han unido las bases de datos de Hacienda y de inmigración, o algo así, vamos, que ahora están en comunicación. Así que cogí la copia de mi contrato y mi pasaporte y hasta allá me fui, a la oficina de Skatteverket (Hacienda en versión sueca) en Klara Vattugränd. Es una de las oficinas más céntricas y estaba llena hasta la bandera. Ahí es donde me di cuenta de que realmente soy una inmigrante, en ese maremágnum de rostros cansados de todas las nacionalidades, colas interminables y formularios incomprensibles (los que no tenían versión inglesa).
Cuando por fin me tocó el turno, una señora sueca cuya edad rondaría la de jubilación, cogió mis papeles, me ayudó a rellenar otro par de formularios y en un plis plas habíamos terminado. Me fui muy contenta de lo rápido y fácil que había sido. La respuesta me llegaría a casa en un plazo de dos a cuatro semanas. Esto fue el día 15 de diciembre, así que calculé que al poco de volver de vacaciones tendría en mi casa la carta. 

Me fui, volví, pasaron las navidades se quitó la nieve y mi no me llegaba nada de nada. Decidí darle un poco más de tiempo. 

A todo esto, no me había llegado el cheque del mes de diciembre (como no tenía personnummer, no podía abrir una cuenta en el banco y me mandaban la nómina en forma de cheque). Pensé que habría sido un "traspapele" y en enero si tampoco me llegaba pues habría que tomar medidas. 
Pasaron los días de enero, llegó el 25, que es el día que aquí se cobra, y no había aparecido ni la carta de inmigración, ni el personnummer ni mi sueldo. Yo cantaba aquello de oh! oh! wait a minute mister postman... pero no surtió efecto. Tan supuestamente eficiente la administración sueca, pensaba yo, y ¡mira cómo me tienen!. Así que al día siguiente (que para más INRI era mi cumpleaños) le comenté a mi jefe lo del cheque, hablamos con la secretaria y todo parecía estar bien: mi dirección era la correcta, tengo el nombre en la puerta (donde está el buzón)... ¿qué estaba pasando?. Resulta que la culpa de todo este atasco administrativo... ¡¡la tenía el cartero!!. Al parecer al entrar a vivir a una casa tienes que registrarte en la oficina de correos de tu nuevo barrio. Si no, aunque tengas el nombre en la puerta, como no constas en su libro de vecinos, pasan de todo y devuelven las cartas. Bueno, según mi jefe  no es necesario y simplemente me tocó el cartero más gilipollas de Estocolmo... no lo sé, me lo llego a encontrar en caliente y le doy un derechazo soriano que se iba a enterar de si existo.

Así que la secretaria del departamento ya habló con la oficina de correos, les dijo que sí, que vivo ahí de verdad de la buena y me apuntaron en su libro gordo de Petete. Tuvieron que pedir duplicados de los cheques al banco y a los dos días me llegaron. Resulta que además debía haberme llegado la carta de inmigración, pero también la habían devuelto... grrrrrrrrrrrrrrr... 
Respecto al personnummer recibí una carta a la semana o así, en la que me decían "se le ha denegado la petición de residencia permanente". Pero ¿quién quiere ser residente permanente? ¡¡¡Eso no es lo que yo había pedido!!!. Además, ponía que me habían mandado una carta en diciembre, se la habían devuelto, otra en enero y también devuelta... en resumen, un desastre. Así que tuve que volver a bajar al skatteverket (esta vez me tocó el número 801, ojo al dato) esperar y contarle mi vida a una chica muy maja que me hizo los papeles en un momento, aunque tuvo que ser todo el proceso de nuevo otra vez. Esta chica me dijo que probablemente el problema es que no había llevado la carta de inmigración, y por eso me lo habían denegado, no por el malentendido de la residencia permanente.  Así que aunque en teoría ahora vayan en paralelo las dos entidades en la práctica es mejor llevar ya hecho el trámite de inmigración. He de decir que esta chica resultó ser la eficiencia personalizada, porque a los tres días tenía en casa por fin el maldito personnummer
Así que ya puedo abrir una cuenta en el banco y evitar problemas con el tonto de mi cartero que se queda con mis cheques (y total para no poder cobrarlos...). 
Menos mal que lo más gordo de papeleo ya lo he hecho, porque todo esto ha sido, como diría mi Triniá: ¡de coña marinera!.

viernes, 7 de enero de 2011

El retorno (Vol. 2)

Lo prometido es deuda, aquí estoy de nuevo para contaros mis peripecias. El día de Nochebuena llegué a mediodía a mi casa, donde mi "pequeño" perro de 40kg estuvo en un tris de mandarme al suelo y desgraciarme, mientras la perri pequeña se me enredaba en los pies. Concierto de ladridos y carreras por el jardín. Después, achuchones de mamá y abuela. Mi abuela ha estado la mujer muy malita, y, aunque no creo que vaya a leer esto, le quiero dedicar la entrada de hoy por haber sido tan valiente y para que se anime y no se ponga "manía" cuando se encuentra un poco pachucha. ¡Que tú puedes con eso y con más!.

El día de Nochebuena, después de dos meses, por fin pude comer a una hora "normal" y, además, ¡con sol!. Oye, y ¡qué solazo!, ese solazo soriano que nos hace usufructuarios del cielo más azul de España (vale, no está probado, el que lo compruebe empíricamente que venga y me lo cuente, pero no me hará cambiar de opinión). En la comida no podían faltar mis añorados ibéricos, que por tierras nórdicas como que no hay, y si los encuentras, valen lo que el caviar beluga... ¡¡como he echado de menos el jamón y el lomo, por Zeus!!. He oído decir a alguien que los españoles somos los más patrióticos con la comida que puede haber. Igual es cierto, porque la verdad es que la echamos muchísimo de menos. Con el maremagno histórico que llevamos a las espaldas, creo que es la única forma en que los españoles nos atrevemos libremente a demostrar apego al terruño (sin contar los eventos deportivos, claro). Bueno, que me estoy yendo por los cerros de Úbeda como yo acostumbro. 
Tras la comida de Nochebuena, una buena siesta de un par de horitas y luego, como manda la tradición unas cerves y/o champanes en la Herradores. Bajé con mi padre, y nos tomamos una caña allí hasta que luego bajaron mis amigos y pude dar otra ronda de besos y achuchones. Antes de las diez nos marchamos, porque la cena estaría esperándonos y además era en mi casa. Resulta que fuimos los últimos en llegar, y todos los demás estaban ya atacando las bandejas de embutido, las patatas fritas y el paté. Pero antes de poder liarnos a jalar, ¡había que abrir los regalos!. Fue muy divertido, hicimos una especie de "photo call" junto a la chimenea donde los íbamos abriendo por turnos para ver las caras de la gente y hacerles fotos. He de decir que los regalos suecos tuvieron una calurosa acogida, sobre todo el cuerno para beber cerveza que le llevé a mi padre, que hacía juego con el casco vikingo de plástico (con sus cuernos y todo) que le llevé a mi hermano. ¡Ya solo nos faltaba el escudo y el drakkar para invadir algo!.
En la cena no podía faltar el típicamente sueco "inlagd sill" (arenque en vinagreta), que fue un éxito. Yo tenía mis dudas de que les gustara (salvo a mi hermano, que es fan total del arenque en vinagre).
Al final, cafés, copas y turrones, como manda la tradición. ¡Ayyyyyyy! ¡A ver cuando importamos el turrón de Suchard a Suecia, que mira que está bueno!.
Esa noche nunca salgo, porque es típicamente familiar, así que tras los turrones, todos a sobar.

El día de Navidad también nos juntamos en mi casa para la comida. Esta vez tocó chuletas de cordero a la brasa, recién hechas en la chimenea del sótano. ¡Ñaaaaaaaam!. Después, partidita de guiñote y pacharán, más soriano imposible. Mi familia se quedó hasta las 7 por lo menos, y luego yo salí por ahí con mis amigos, que los había visto rápidamente el día de nochebuena y tenía ganas de que me contaran cositas y ellos de que les contara sobre mi vida sueca. He de decir que se nos hizo un poco tarde... bueno, no sé si volví muy tarde o muy pronto, pero no encendí la luz (como dice mi padre). Hasta ahí puedo leer... fue un pequeño regreso a la adolescencia.

La semana entre medias la pasé acompañando a mi abuela a sus médicos y comprando cosas que me hacían falta y en Suecia no existen o son extra-caras. Fueron días de salchichón y lomo, siestas y recados. El día 30 tuvimos la "brillante" idea de quedar a tomar una copa. Qué pasa... que la una se hizo otra y nos dieron las uvas. Así que al día siguiente estaba tan muerta que lo que menos me apetecía era ¡salir por fin de año!. Esto me lo contaba una amiga antes de navidades y yo le decía que eso de salir el día anterior y luego no tener ganas de cotillón nunca me había pasado. Bueno, pues ya me ha pasado. Y la verdad es que nos lo pasamos genial esa noche, fueron muuuuchas risas, y había súper poca gente, nada de agobios. Vamos, justo lo contrario que en fin de año.
El día de Nochevieja también la cena fue en mi casa. Esta vez, langostinos, mejillones y pierna de cordero guisada. Nos pusimos guapos para hacer las fotos familiares que le gustan a mi madre. Esas con las que le gusta luego felicitar el año. Empezamos a cenar un poco tarde y casi se nos junta la carne con las uvas. Además, como en el sótano ya no tenemos tele porque se estropeó, nos tuvimos que subir al salón para poder ver las campanadas. Después, retoque del maquillaje, pintar un poco a mi prima y ¡todos a la calle!. Como había aventurado unas líneas más arriba no aguanté mucho, estaba cansadísima. Estuvimos en uno de los bares más cutres de Soria, pero en el que hasta te podías sentar y se estaba muy a gusto. A eso de las 5 me fui para casa y los dejé cantando canciones populares y hablando de sidra... :P
El día de año nuevo ya no nos juntamos para comer con toda la tropa, los últimos años comemos solo mis padres, mi abuela, mi hermano y yo. Así que juntamos todas las sobras y al lío. Luego, siesta. Estuve dos días más hibernando y sin salir de casa. Además, se acercaba el momento de volver y no me apetecía nada. El estado de pre-morriña me asaltó y me tenía con un desasosiego tristón bastante desagradable. El día 3 quedé por la tarde con todos mis amigos para despedirme y el 4 a las 10 de la mañana puse rumbo a Madrid. Después, la misma secuencia que a la ida pero con menos gente y menos retraso: 2 horas de aeropuerto, 20 minutos de retraso, 4 horas de vuelo, 15 minutos de maletas, 20 minutos de espera por el autobús, 1 hora y media de viaje en autobús y 10 minutos de taxi después, llegué a casa. 

Y heme aquí de nuevo, con las Chirucas perennes, viendo como cae una nevada bestial encima de otra y haciéndose de noche a las 3:30.
Ahora mismo está nevando a base de bien. Tengo miedo... ¿podré volver a casa desde el trabajo?

miércoles, 5 de enero de 2011

El retorno (vol. 1)

O, como dirían "martes y trece", el retonno.  Ya estoy de nuevo por tierras semi-polares, con un metro de nieve en el exterior de nuestros estudios y haciéndose de noche a las 3. Buffff... ha sido dura la vuelta. La verdad es que 10 días de vacaciones se quedan en nada, porque con uno que pierdes a la ida y otro a la vuelta, se quedan en 8. Pero he de decir que aunque no haya visto a todo el mundo, creo que aún los he aprovechado. 

Y, ¿cómo empezó el periplo navideño? Pues el día 23 de diciembre salí de mi casita sueca a eso de las 12 a.m. arrastrando mi maleta de 15kg por la ensaladilla de nieve y cantos rodados. Si no habéis probado, ¡es difícil de narices!. Cogí el metro hasta T-centralen y de ahí cambié a la estación central de autobuses. Como había comprado el billete por internet, una cosa menos que tenía que hacer. Así que directamente busqué de donde salían los autobuses hacia el aeropuerto de Skavsta y... había una cola como para un concierto de Madonna. Así que me dispuse a esperar pacientemente (a la sueca, porque aquí hacen cola para todo y están acostumbradísimos a estas cosas, ¡no iba a ser yo menos!). Aproveché para comerme un bocadillo por si luego no tenía tiempo de comer antes de subir al avión. La cola iba rápido, esperaría unos 20-30 minutos, que para la cantidad de gente que había no es nada. Después, al autobús, hora y media de viaje rumbo sur hacia Nyköping. Me tocó delante una mamá con un bebé rubito y gordo que no paraba de berrear como si lo estuvieran matando. La pobre mujer se pasó casi todo el viaje de pie con el crío en brazos porque parece que solo así le gustaba estar al pequeño energúmeno. Y el resto del pasaje, pues tapándonos los oídos. Qué fuerte chillan los bebés, con esos mini-pulmoncitos... ¿cómo lo harán?. Con el concierto que tuvimos daban ganas de ligarse las trompas... niños, humpf!.

Ya de noche llegamos al aeropuerto, que está en medio de la nada, en lo que parece la estepa rusa: llano-bosque-llano-bosque-llano-bosque... y todo con un metro de nieve por encima. Lo que más me llamó la atención fueron las rotondas: eran como una tarta de merengue perfecta, porque habían quitado la nieve de la carretera y quedaban ahí plantadas sin una huella ni nada. ¡Qué monas!

Al entrar en el aeropuerto de Skavsta el panorama era de otras 5 ó 6 colas larguísimas para llegar hasta los mostradores de facturación. Menos mal que faltaban 2 horas para mi vuelo... Con la música del móvil por los cascos me armé de paciencia y ¡otra vez a esperar!. Cuando conseguí llegar al mostrador la buena noticia es que mi maleta pesaba como 13kg (siendo el máximo permitido 15), la mala que ahora me tocaba hacer una cola todavía más terrible para llegar al arco de seguridad. Hale, ¡a formar de nuevo!. Y encima tenía detrás un grupo de chinas que no hacían más que empujarme... cagüentoloquesemeneaaaaaaaa... Consigo llegar hasta el control de seguridad, me hacen quitarme las chirucas pero por fin paso a la puerta de embarque. Y allí... ¡sorpresa! aparte de cientos de personas amontonadas, haciendo cola, llenando las mesas de la cafetería, sentadas por el suelo... encuentro una "simpática" pantalla que me dice que mi vuelo se ha retrasado de las 18:30 a las 20 horas. Vamos, que tengo hora y media de espera en esa amalgama de gente y olorcillo a humanidad. Así que saqué de la mochila el último libro que me he comprado de "True blood" y me entretuve comiendo anacardos y con las peripecias de los vampiros buenorros. Cuando aún faltaba más de media hora para las 20 horas, la gente ya empezó a hacer cola. ¡Por Zeus! ¡pero qué afición!. Yo esperé hasta que la cosa empezó a avanzar. Total: el avión va lleno, los asientos no están numerados y vamos a volar todos. Así que, calma. Tras la última cola del día, llegué andando por la helada pista al avioncito de Ryan Air que nos esperaba escondido en la ventisca. Ya dentro, lo típico: normas de seguridad, comida carísima de plástico y espacio vital reducido. Tuve la suerte de que me tocó al lado a unos "erasmus" españoles muy majos y por lo menos tuve conversación durante parte del viaje. Cuatro horas después y con el cuello contrahecho, aterrizamos en Madrid. Una corta espera por las maletas y a correr a por el último metro. Pero el último ultimísimo de la muerte, vamos, que no nos dejaron hacer transbordo y nos echaron al llegar a Nuevos Ministerios. Así que desde ahí tuve que coger un taxi hasta la casa de mi hermano. Eran las 2 de la mañana. 12 horas desde que había salido de mi casa. ¡Y luego dicen que no está lejos Estocolmo!. Es que la gente es muy lista cuando solo cuentan las horas del vuelo. Pues no majooooos, que la cosa tiene mucho más intríngulis. 
Así que reventadita estuve un rato hablando con mi hermano, comiéndome un muslo de pavo y un tomate y a dormir.

Al día siguiente ya era Nochebuena, y vino mi padre a buscarnos. Qué solazo hacía en Madrid. Después de dos meses de vivir en esta blanca oscuridad, me parecía que había llegado al verano: por el sol y por la temperatura. En dos horitas nos plantamos en Soria, donde me esperaban muchos achuchones de la familia y fiestas de mis perros. Y por fin pude comer a la hora española y ¡¡echarme la siesta!!.

Y el resto os lo cuento mañana, que me canso de escribir...

jueves, 16 de diciembre de 2010

Una semana

¡¡Eso es lo único que me queda para volver a casa por Navidad!!. Ahí estaré, emulando al del anuncio del "Almendro", pero en vez de abrir la puerta y que todo esté decoradito y tranquilo aparecerá mi mega-perro de 40 kg en plan tsunami y probablemente acabe en el suelo. Igualmente, va a ser genial  el recibimiento. Echo mucho de menos a mis perros. Como le suelo decir a mi madre, ¡con ellos no puedo hablar por el skype!. Así que el reencuentro después de dos meses va a ser memorable. 

Volaré el próximo jueves 23 desde el aeropuerto de Skavsta, uno pequeñito (estilo Matacán o el de Badajoz) que está un poco lejos pero es desde el único que vuela RyanAir. Es que en estas fechas Iberia decide que viajar con ellos es de súper lujo y te pone el vuelo de ida y vuelta a precio de oro.  Vamos, que lo de la crisis se la trae al fresco. Como hasta hace poco eran los únicos que tenían vuelos directos a Estocolmo podían hacer lo que les diera la gana. Qué malos son los monopolios... ahora que ha empezado RyanAir a hacerles la competencia espero que se bajen de la parra y vuelvan a poner precios más normales. 

A lo que iba, que el jueves 23 saldré de casa con mi maletita y cogeré el metro un par de paradas hasta la estación central. Después un bus que tarda una hora y media más o menos en llegar al aeropuerto de Skavsta. El problema es que esa carretera suele tener un tráfico terrible y siendo vísperas de navidad y con la cantidad de nieve que hay... espero que no tardemos una barbaridad. Porque claro, tengo que estar con la suficiente antelación como para facturar la maleta y por si surge cualquier problema (que con las limitaciones de peso nunca se sabe). Eso hace ya de momento tres horitas de aventura entre metro-bus-espera. Después, suponiendo que salga puntual (tendré que ponerle una vela a algún santo escandinavo para que todo vaya bien), me esperan 4 horas de vuelo. Así que entre unas cosas y otras, después de 7 u 8 horas llegaré a Barajas a eso de las 10 de la noche. Ese día  mi plan es quedarme a dormir en casa de mi hermano, porque si le sumas a toda la aventura otras 2 horas de coche voy a llegar reventada. 
Así que ese es mi plan de viaje.

Cambiando de tema, hoy hay aquí una tormenta de nieve tremenda. Por la ventana casi no se ve, porque hace un aire terrible.  Y a mí me gusta la nieve pero no la ventisca,  cuando los copitos de nieve se te meten en los ojos o te pinchan como balines. ¿Por qué hoy que me toca tarde de colada tiene que hacer este tiempo? Es de lo más entretenido salir al patio abierto que hay para llegar a la casita de la lavandería. Y volver a entrar cargada de ropa, marcar el código de la puerta confiando en que la ropa interior no acabe sembrada por el portal y llegar al segundo sin novedad. A todo esto si le sumamos una tormenta de nieve... ¡parece una gimkana!. 

Así que hoy me iré pronto para hacer muchas cosas porque con tanta nieve no se puede andar muy rápido...